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Sistema Reproductor Masculino

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Producción de espermatozoides

La producción de los espermatozoides no comienza sino hasta la pubertad. Los espermatozoides se forman en cada testículo y son transportados a través de una serie de conductos, o túbulos, hasta un conducto único llamado epidídimo. Los espermatozoides pasan a través del epidídimo hacia el conducto deferente (conducto que lleva el esperma del testículo hasta la uretra). En este momento, el líquido producido en la glándula llamada vesícula seminal ingresa al conducto deferente. El conducto eyaculatorio, formado por la unión del conducto seminal y el conducto deferente, pasa a través de la próstata para entrar en las vías urinarias, que a esta altura, se llama uretra prostática. El líquido de la próstata y las vesículas seminales se añade a la mezcla, que a continuación será expelida hacia abajo a través de la uretra hacia el pene. Durante la eyaculación, el semen es emitido por la punta del pene.

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Formación de espermatozoides

En el interior de los testículos de todo hombre hay una apretada red de tubos, llamados túbulos seminíferos, en los cuales se forman los espermatozoides. Dichos tubos, que son visibles a simple vista, están recubiertos de dos tipos de células. Uno son las células de soporte, o células nodriza , ya que son las que crean en los túbulos un entorno propicio para la producción de esperma.

El espermatozoide

Las otras células, llamadas células germinales, son las precursoras de los espermatozoides. Las células germinales pasan por varias etapas de desarrollo durante las cuales proliferan, se dividen, experimentando luego un asombroso cambio de forma en el que pasan de una forma celular redonda a la conocida estructura de los espermatozoides. El material genético se concentra y forma el componente principal de la cabeza, junto con el acrosoma, una estructura similar a un capuchón que tiene suma importancia para ayudar al espermatozoide a entrar en el óvulo. La cabeza del espermatozoide está unida a una cola, la cual le da su movimiento de propulsión.

Este proceso de desarrollo lleva aproximadamente tres meses (70 días) y no puede ser alterado. Esto constituye un hecho importante, dado que si existe un problema con la producción de espermatozoides en la etapa inicial en el testículo, el tratamiento médico puede llevar un mínimo de 60 a 70 días para tener éxito.

Producción de hormonas

La hormona masculina, la testosterona , se produce en las células de Leydig que se encuentran en los espacios que hay entre los túbulos de producción de esperma en los testículos. La Testosterona pertenece a una clase de compuestos llamados andrógenos y es responsable del proceso de masculinización de un niño varón durante su pasaje por la pubertad, así como de la estimulación de la libido o deseo sexual. Existen altas concentraciones de testosterona a nivel local, alrededor de los túbulos seminíferos, pero la hormona también se dispersa hacia el torrente sanguíneo y es transportada a otras partes del cuerpo donde actúa sobre la piel, el pelo, músculos y muchos otros sistemas de órganos.

Las células de Leydig son estimuladas por la hormona luteinizante (LH), también llamada lutropina, segregada por la hipófisis, la glándula que se encuentra en la base del cerebro. La hipófisis también produce la hormona foliculoestimulante (FSH) o folitropina, la cual actúa sobre los tubos de producción de esperma estimulando la producción de espermatozoides. Si bien estas hormonas son esenciales para la producción de espermatozoides, la insuficiencia hormonal rara vez es causa de esterilidad.

Maduración y almacenaje de los espermatozoides

Los espermatozoides liberados por las paredes de los túbulos productores de esperma en los testículos son transportados hacia el tubo o conducto del epidídimo. El epidídimo no es simplemente un sistema de tuberías hecho para transportar el esperma, sino que consiste en una serie de microentornos altamente especializados en los que trabajan células sensibles a la testosterona que recubren dicho conducto. Es durante su paso a través del epidídimo (alrededor de 4 a 10 días) que los espermatocitos o espermatozoide inmaduro, van adquiriendo gradualmente una mayor movilidad y la capacidad de fertilizar el óvulo. Los datos exactos respecto de los cambios durante la maduración del esperma en el epidídimo no dejan de ser un misterio, ya que es muy difícil obtener muestras de este conducto para el análisis bioquímico. El retirar una porción del mismo para realizar estudios interrumpiría la continuidad anatómica del epidídimo.

Los espermatozoides son almacenados al final del epidídimo en la cola o cauda. Una capa de músculo involuntario, que va aumentando gradualmente en organización y complejidad a medida que se acerca al conducto deferente, se contrae en ondas coordinadas. Durante la eyaculación estas ondas de contracción impulsan una pequeña cantidad concentrada de esperma en suspensión desde el epidídimo hacia el conducto deferente, para unirse, en la uretra prostática, a las secreciones de la próstata y de las vesículas seminales, además de las de algunas otras glándulas más pequeñas, formando así el semen o eyaculado. Más del 90% del semen está producido en la próstata y en las vesículas seminales y no en los testículos. Por este motivo, los hombres vasectomizados no notan ningún cambio en la eyaculación.

La erección

El pene se compone de varias estructuras cilíndricas esponjosas, llamadas corpora o cuerpos cavernosos (por sus espacios vasculares), el tejido eréctil que puede llenarse fácilmente con sangre. Cuando un hombre tiene una erección, la sangre fluye hacia este tejido eréctil llenando los espacios e hinchando el pene. Los nervios que van desde la médula espinal al pene, cerca de la próstata, controlan este flujo sanguíneo. Las terminaciones de dichos nervios están conectadas a los músculos involuntarios que forman las paredes de los cuerpos cavernosos en el tejido eréctil.

Durante la estimulación sexual, las fibras nerviosas envían señales eléctricas que son convertidas a señales químicas en sus terminaciones. Estas sustancias químicas relajan las paredes de los cuerpos cavernosos, permitiendo así la entrada de sangre y produciendo una erección. A veces las erecciones ocurren como un reflejo.

Centros superiores en diversas partes del cerebro también controlan el reflejo eréctil, a través de trayectos que surcan toda la médula espinal. En consecuencia, los estímulos proporcionados por el tacto, el oír cosas placenteras, ver imágenes visuales eróticas y otros estímulos, pueden favorecer una erección. Por otro lado, las influencias negativas, como pueden ser la depresión, la tensión del trabajo, preocupaciones acerca de la actuación sexual, una discusión con la pareja, pueden todas frustrar una erección.

La eyaculación

Durante la eyaculación las contracciones rítmicas de músculos involuntarios transportan el semen a través de la uretra prostática hacia la uretra peniana. Un músculo circular que rodea la abertura de la vejiga, el esfínter uretral, se contrae durante la eyaculación. Si esta contracción no ocurriera, se puede dar una eyaculación retrógrada, en la cual todo o parte del semen retrocede hacia la vejiga en vez de pasar hacia adelante a través del pene. La función de este anillo muscular puede verse seriamente afectada luego de una cirugía a la próstata.